Cuaderno de exploración #4
Bitácora quincenal: música, artículos, literatura...
🖤Viajemos juntos
Una quincena más se nos acaba y con ella, un cúmulo de novedades, aprendizajes, reflexiones, triunfos y derrotas, alegrías y tristezas, se nos acumularon. Aquí les comparto mi pequeño mundo de vivencias desglosadas.
📚 Mi lectura de esta quincena
A D V E R T E N C I A D E S P O I L E R
Esta quincena comencé La policía de la memoria y me la terminé en una semana. Pese a que llegando casi al final, la narrativa se me hizo un poco densa, lo cual considero que fue escrito así a consciencia, para cuando me di cuenta, ya había terminado.
Es una novela que susurra en lugar de gritar, y es precisamente en ese tono contenido, melancólico y poético donde reside su fuerza. Yōko Ogawa construye un mundo donde los objetos, los recuerdos y hasta las palabras desaparecen sin resistencia, y lo inquietante no es tanto la represión externa, sino la aceptación silenciosa con que los personajes permiten que todo se desvanezca.
En los últimos días me dediqué a leer reseñas y opiniones sobre la novela. Ya que, como mencioné en mi Threads, la historia me dejó con un sabor extraño en el paladar, con muchas preguntas y también muchas reflexiones. Y deseaba conocer el punto de vista de otros lectores.
La mayoría de esas reseñas ofrecían visiones más abocadas a la política, la protesta en contra de los regímenes totalitarios y las dictaduras, con lo cual coincido plenamente. Pero, yo quisiera darles una perspectiva diferente. Lo que significó cada capítulo a mi entender, personal, subjetivo, quizás erróneo, pero muy mío… aquí les va.
Para mí, una de las grandes virtudes de la novela es, además de lo político, su forma sutil de abordar la pérdida de la identidad. En un mundo donde casi nadie tiene nombre ni la protagonista ni sus vecinos ni la mayoría de los personajes, el lenguaje se reduce a funciones básicas, como si la singularidad ya no fuera necesaria. Esta ausencia de nombres no solo es simbólica, sino dolorosamente real: revela la desintegración del yo cuando se dejan de nombrar las cosas que nos hacen ser quienes somos.
Considero que cada una de las cosas que desaparece a lo largo de la historia, es un reflejo del desvanecimiento de la escritora por la vida, el desinterés, la rendición silenciosa.
Mi lectura es que el mundo de la protagonista es una metáfora de la apatía emocional, de lo que pasa cuando una comunidad (o una persona) se va desconectando lentamente de su propia historia. Algo que nos sucede con mayor frecuencia en un mundo dominado por las apariencias, en el que no importa quién eres, sino cómo te presentes; no el tú como persona, sino la etiqueta que sientes que te representa.
Los objetos que desaparecen son excusas para hablarnos de cosas más hondas:
El perfume → la sensualidad, los recuerdos íntimos, el amor
Las aves → la libertad, el movimiento
Las novelas → la imaginación, la otredad, la autoexpresión y la comunicación entre personas
Las fotografías → la memoria afectiva, las raíces
Cuando desaparecen, lo hacen sin resistencia. Nadie llora realmente. Solo desaparecen también las emociones ligadas a ellas. ¿Desinterés? ¿Rendición? ¿Costumbre?
Ogawa no nos entrega una heroína que se rebela, sino una mujer que resiste desde el afecto, el silencio y el recuerdo. La protagonista no lucha con violencia, pero su ternura, su cuidado por el escritor escondido, y su nostalgia contenida son formas de resistencia ante la nada. La desaparición final no es un shock, sino un desenlace lógico y triste de una vida donde ya no queda nada por lo cual sostenerse.
Cuando empieza a borrarse físicamente, lo entendí como la culminación de un proceso espiritual: ella ya no tiene cuerpo porque ya no tiene identidad. Le ha sido arrebatada, no por la fuerza, sino por un sistema que la quiere funcional, pero no auténtica. ¿Alguna reminiscencia de la realidad?
La novela no es solo una crítica a los regímenes totalitarios o a la censura, sino también una reflexión profunda sobre el desgaste emocional, el paso del tiempo y la pérdida del entusiasmo por vivir. Ogawa nos confronta con una pregunta incómoda: ¿qué tanto de lo que fuimos ha desaparecido ya sin que nos demos cuenta? ¿Qué recuerdos, pasiones, palabras, o partes de nuestra identidad hemos dejado ir por desinterés, por rutina, por dolor?
La policía de la memoria es una obra delicada, que deja más preguntas que respuestas. Y eso está bien. Para mí, no es una crítica política directa, sino una metáfora emocional del paso del tiempo, la pérdida del entusiasmo por vivir y el desgaste que produce no amar, no cuidar, no sentir. Una advertencia silenciosa: lo que no cuidas, se borra. Lo que olvidas, muere.
🆕Novedades
No hay novedades esta vez…
📚Los boletines que me gustaron
🔵Una historia sutil y desgarradora que me encantó, de la pluma de Elisa Díaz y que no se pueden perder:
🔵Un imprescindible para todos los escritores que deseamos ser editados, de Salvador Lorca 📚 ⭕️ :
🔵No entiendo mucho de Inteligencia artificial, pero la forma en la que
Germán Martínez nos la muestra está a otro nivel:
🧠 Una idea que me rondó la cabeza
🫥 Retomando mi lectura de La policía de la memoria, no he dejado de preguntarme, ¿y si esto ya nos está pasando un poco?
Piensa por un momento…
¿Hay cosas que antes amabas profundamente y que ahora apenas recuerdas por qué eran importantes?
¿Hay partes de ti que alguna vez brillaron y que hoy están dormidas?
¿Palabras que ya no usas? ¿Gente que ya no nombras?
Así empieza el mundo de Ogawa. No con bombas, no con censura brutal. Sino con olvidos suaves, casi consentidos.
Y en nuestras vidas también ocurre así. A veces:
Dejamos de escribir.
Dejamos de llamar a alguien.
Dejamos de soñar en voz alta.
Dejamos de luchar por nuestra propia voz, por nuestro espacio.
No porque alguien nos lo impida sino porque dejamos de sentir entusiasmo por la vida. Y ese es el peligro más grande. Lejos del sistema que nos quiere oprimidos, de las personas que lo siguen y parecen resueltas a mantener el status quo, por más perjudicial que este sea.
La disidencia comienza con uno mismo, al reusarnos a ser solo carne de cañón en esta guerra comercial donde solo importa lo que produces o el servicios que ofreces.
✍️ Bitácora creativa
Estos días me he sentado frente a la página en blanco sin intención de llenarla.
Solo quería estar ahí, con ella.
Como cuando te sientas al lado de alguien que amas y no necesitas decir nada. No. En realidad me siento como el familiar del paciente enfermo que aguarda a los pies de su cama, atento por si necesita algo. ¿Un poco de agua? ¿Algo de música? A veces despierta y me da algo de brillo, para volver a dormirse suavemente.
Está bien. He comprendido que la creación no es una urgencia, sino una compañía.
Un susurro.
Un testigo mudo de que seguimos aquí, sintiendo.
No escribí mucho.
Pero pude conectar con mi pluma como hace tanto tiempo que no lo hacía.
🎵 La canción de la semana
Continuando en el mismo tenor de La policía de la memoria, esta canción habla un poco sobre ese vacío emocional, sobre la pérdida del disfrute y el interés por la vida:
🔍 Descubrimiento de la semana
No hubo u.u
📆 El viernes que soy hoy
Hoy soy un viernes que no corre, que no baila, que no espera nada.
Un viernes que se sienta en silencio con su taza tibia de té a medio consumir
y deja que el mundo pase sin intentar atraparlo.
Soy el viernes que piensa demasiado,
el que recuerda cosas que no debería,
y aun así, se permite el desinterés, porque ha aprendido a no engancharse de lo que le hace daño.
Hoy no quiero avanzar ni brillar ni cumplir.
Solo quiero quedarme aquí, donde el alma respira poco a poco, como si la vida solo se tratase de eso: de existir.
✨Un deseo
Deseo ser hogar para todo lo que siento…










